El Quake II y yo

Si tuviera que elegir un solo juego de entre todos los juegos de ordenador, no lo dudaría ni un momento. Sería el Quake II. De lejos al que más horas he jugado, y siempre en el mismo mapa, el inmejorable q2dm1.

Hace unos 8 años, mis amigos y yo pasábamos gran parte de nuestro tiempo libre en un ciber, enfrentándonos en este juego una y otra vez. Dado que cada uno tiene sus preferencias en cuanto a controles, y debido a que lleva unos minutos tener configurado cada parámetro, el juego permite la ejecución de scripts, que permiten configurar todos los aspectos del juego de forma casi instantánea. Eso sí, para poder ejecutar el script éste debía estar instalado en el equipo a utilizar, y para ello había quien colgaba su script en una carpeta compartida en red, y había quienes lo llevaban en un disquete. Yo era de estos últimos.

El caso es que el otro día, haciendo hueco en una estantería, decidí retirar unas cuantas cajas de disquetes que, como podréis imaginar, no utilizo desde hace bastantes años. Y entre ellas me encontré con mi disquete del script de Quake 2. Y sí, en aquella época yo ya era un friki, aunque no conociese el término, y mi disquete tenía este aspecto:

Por supuesto, soy consciente de lo horrible de la composición, de la pixelación, y de lo horroroso que resulta el diseño en general. Como véis, el disco estaba ‘”decorado” con el escudo que tenían por aquel entonces los Anaheim Ducks, de los que mi clan, los Ducks, habíamos tomado también los uniformes para personalizar los skins de los personajes.

Pero la estética del disco no es la única frikada. Lo más friki estaba en el interior. Y es que en aquella época yo empezaba a dar mis primeros pasos en programación, con lo que desarrollé un pequeño sistema de instalación del script, que se ejecutaba desde el disquete. Y hoy he rebuscado en mi disco duro hasta encontrar esos archivos, los he grabado en un disquete y he sacado unas capturas para vuestro regocijo.

Lo primero que el programa hacía era pedir una contraseña. ¿Por qué? ¿Quién iba a querer instalarse mi script? ¿Y por qué iba yo a impedirlo? ¿Y de qué servía, si se podía coger de casi cualquier equipo del ciber? Pues ni puta idea, pero hice que el programa pidiese contraseña. Una contraseña que, por cierto, se guardaba en texto plano en otro archivo del disquete. La pantalla de solicitud de contraseña era esta:

El sistema daba 3 oportunidades para escribir correctamente la contraseña. De lo contrario, aparecía el texto ‘ERROR’ en letras enormes y horribles, dibujadas con ASCII, y no dejaba continuar. Si se introducía correctamente, aparecía esta otra pantalla:

Y a continuación daba la opción de cambiar la contraseña (no olvidemos la importancia de que el acceso al script estuviese completamente controlado), y pasaba a la siguiente pantalla. Todo funciona sobre MS-DOS, y no he conseguido sacar capturas de esta pantalla y la siguiente, así que antes que buscar la forma les he sacado fotos:

Tras pulsar ‘Enter’, el script y el skin se copiaban desde el disquete a la carpeta correspondiente del disco duro, y salía esta otra pantalla, que recuerdo que durante unos días tenía sonido, pero acabé quitándolo por no dar tanto la nota:

Pulsaba ‘Enter’ de nuevo, y accedia al Quake. Utilicé este sistema de instalación durante algunos meses, hasta que descubrí Visual Basic. ¡Programar para Windows! ¡Si hacías cuatro cosas y parecía un programa de verdad! Así que, por supuesto, hice una versión más hortera si cabe de mi instalador, esta vez sin contraseña:

Sí, es muy triste, y muy friki, pero no sabéis lo que me he reído al preparar este post, ejecutando los instaladores, revisando el código, que también lo conservo…

Quake is life 😀